Para todos los que me siguieron durante mi penoso mes de ejercicio, una breve actualización sobre mi vida: me he convertido en un asiduo al gimnasio. A este gimnasio, concretamente. Durante el mes de agosto he ido prácticamente todos los días durante dos horas. ¿Efecto sobre mi forma física? Más bien poco. Tengo algo más de músculo, algo menos de grasa –mi IMC está a punto de entrar en la zona de la normalidad, ¡aleluya!- pero la experiencia demuestra que incluso en dos horas de gimnasio se puede hacer poco o nada cuando tu mejor habilidad resulta ser, como es mi caso, la procrastinación (y como dice el chiste, los procrastinadores somos los líderes del mañana).  Leer

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