Leo en El País que una plataforma andaluza (de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres) ha presentado una campaña “por la erradicación del lenguaje sexista”. Hasta aquí no hay nada nuevo, más allá de la exigencia de cuotas y del ingenuo nominalismo que atribuye propiedades mágicas a las palabras y a las reglas gramaticales. La novedad es que han elevado el tiro y ahora arremeten nada menos que contra el latín, al que consideran un “lastre” y una lengua machista y esclavizadora. Abogan incluso por imponer una neolengua “no sexista” por las bravas (”si tenemos que destrozar el lenguaje para que tengamos espacios de igualdad se deberá hacer”) y, como no podía ser menos, exigen inspecciones y sanciones legales para quien no se avenga a utilizarla y se le ocurra usar, pongamos por caso, el género epiceno o citar a Séneca (”Iners malorum remedium ignorantia est”), cordobés como ellas. Aunque cuentan con apoyo institucional (por lo que no es una mera ocurrencia de un grupúsculo), es imposible tomar en serio este asunto, que parte de un completo desconocimiento de la naturaleza del lenguaje (no digamos ya de la gramática latina), creyendo que las lenguas no las hacen las comunidades de hablantes, mujeres y hombres, sino la ingeniería del poder (romano antes, políticamente correcto ahora, decidiendo desde su atalaya el género gramatical de las palabras).

Via: Yonderboy