He de reconocer que cuando llego a un hotel, lo primero que hago es cruzar los dedos y encender el portátil. Me pego a las ventanas y busco entre las redes inalámbricas de la zona a ver si algún despistado se ha olvidado de poner la contraseña. Según que hoteles, el despiste me puede suponer un considerable ahorro.  Leer

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